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Body at Brighton Rock. El mal día de Roxanne Benjamin

Llegó la hora de una de las grandes apuestas del Festival de cine fantástico de Sitges con Body at Brighton Rock (2019) de Roxanne Benjamin. La gran directora estadounidense cuenta en su haber con historias dentro de las grandes antologías de terror moderno como VHS (2012), Southbound (2015) y XX (2017). Con alguna decepción en mis espaldas con los partícipes de dichas antologías, la esperanza y la ilusión está intacta para ver que es capaz de hacer la talentosa directora en un largometraje de terror. La obra nos sitúa en un parque natural, una joven empleada perdida allí, un oso. Veremos que tiene en mente Roxanne en esta ocasión en una obra que a priori se aleja del terror propiamente dicho. Mente en blanco y ilusión en alza. Sin más preámbulos, vamos a por ella.

Primera gran decepción del festival. El inicio del film termina siendo un anticipo de lo que realmente trae consigo. La joven empleada del parque natural Wendy, interpretada por la estadounidense Karina Fontes empieza llegando tarde a la reunión de seguridad del parque, asumiendo un reto para demostrarse a si misma que puede superar cualquier cosa y bailando y escuchando música tras su paseo inicial por el parque natural. Varios elementos a destacar.

En primer lugar el recurso musical que invade la obra de inicio a final. El film apuesta por inducir sensaciones al espectador a través de la música con una eficacia más que dudosa. Si la escena es alegre y divertida música divertida, si no es así música más tenue. La obra se abstiene de que sean los planos, el sonido de fondo, la imagen, el dialogo o el propio personaje el que guie al espectador hacia una sensación o otra, es la música la que pretende orientar al espectador.

En segundo lugar la propia protagonista. Wendy es una chica tremendamente patosa y el desarrollo argumental se centra un vendaval de malas decisiones, cada cual peor que la anterior, hasta un nivel casi cómico. No estamos ante una comedia de terror, aunque por momentos lo pueda parecer, dado que la protagonista vive su realidad de forma seria, busca la supervivencia. Karina Fontes realmente hace un buen trabajo interpretativo para lo que se puede entender que la obra le exige. Una chica joven, inexperta y patosa ccon la costumbre de errar de forma casi obsesiva, eso transmite y si eso pretende la obra que transmita, bien por ella. Dicha realidad evita que estemos ante una obra de acción o una obra meramente entretenida. El ritmo es correcto, el film se deja ver, pero no se disfruta o emana el entretenimiento necesario.

El terror hace algún signo de presencia en un par de escenas del film, sobretodo en su fase más avanzada, pero no se puede catalogar de obra de terror tampoco. El plano de la tienda de campaña es fantástico, aunque no se sepa terminar de aprovechar. De igual forma, un frondoso y maravilloso bosque hubiera podido ser una atmósfera fabulosa, hecho que tampoco se consigue o se pretende conseguir. Curioso encontrar fallos visuales en la película, una sensación para nada común.

Tampoco podríamos estar ante una película de suspense. El desarrollo argumental es más bien sencillo, sin figuras, aunque no fresco. Wendy se pierde, le pasan cosas, erra en sus decisiones y así hasta el final, un final que intenta ser sorpresivo y termina siendo un agujero argumental monumental. Destacar eso sí la aparición del oso en esa recta final. El gran animal aparece en la recta final de la obra de forma maravillosa para, en este momento sí, disfrute del espectador. No atisbo que se pretendía con ello, no se si la sensación que emana es divertimiento o vergüenza ajena, pero la vertiente diremos que casi paródica de su momento es fantástica.

La gran pregunta es, ¿que buscaba la obra? Ciertamente hay un elemento interesante en esa búsqueda de sentido al terrible día de Wendy. El terror innato. En sus maltrechas peripecias la protagonista saca a relucir el miedo más natural de las personas. A la oscuridad, a la muerte, a los sonidos de fondo. El miedo al cadáver que convive con ella gran parte del film muestra esa sensación buscada de miedo original. Dicho esto, hay que cavar mucho para sacar esa idea de la obra.

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Conclusión

Body at Brighton Rock es una mala película. Sin saber muy bien que buscaba Roxanne Benjamin con ella, termina plasmando un horrible día de una patosa guía de un parque natural. Poco arriesgada, poco clara en su género o intenciones, poco o mal uso de los elementos y un botarate de giro argumental cuajan una obra tremendamente mejorable. Mala ópera prima de una directora con muchísimo talento. Un mal día lo tiene cualquiera, una mala obra también.

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Me inicié con Gore Verbinski, crecí con el maestro Craven, maduré con Wan y llegué al éxtasis con los padres del nuevo terror de la mano de VHS. El Festival de Sitges, un paraíso.

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